Arraigado en la historia, inmerso en la cultura.
Rooted in Story, Immersed in Culture.
Desde Asia hasta África, siempre me ha atraído el poder silencioso de la historia: cómo se mueve a través de los cuerpos, a través de los rituales, a través de la forma en que las personas se reúnen, se visten y recuerdan.
Lo que comenzó como fotografía de viajes evolucionó lentamente hacia algo más significativo: un intento de honrar la memoria cultural a través del retrato. Gran parte de mi obra se basa en las tradiciones tribales de Etiopía, la devoción pictórica de los sadhus y ascetas de Nepal e India, los rituales monásticos de Tailandia y las prácticas espirituales de los chamanes de Perú y Bolivia.
Cada retrato comienza con una conversación. No solo con la persona que fotografío, sino con la cultura que la formó, el paisaje que la encierra y el recuerdo que habla a través de ella.
Este arte no se trata de mí, se trata de ellos. De ti. De lo que nos conecta.
Durante más de dos décadas, he viajado por más de 60 países, no para coleccionar momentos, sino para ser invitado. Mi cámara se convirtió en mi pasaporte, no solo para cruzar fronteras, sino para entrar en vidas, rituales e historias que aún se están desarrollando. Mi intención siempre ha sido presenciar con cuidado, no imponer: confiar en la generosidad de desconocidos y ofrecer reverencia a cambio.
Estas no son solo imágenes. Son ecos de una historia: de autoexpresión, de rituales, de una identidad forjada por siglos de práctica y creencias.
El nombre Awash proviene de un valle fluvial en Etiopía, cerca de uno de los restos humanos más antiguos jamás descubiertos. Me recuerda que la narración es más antigua que el lenguaje mismo. Que el Origen no es un destino, sino un recuerdo que llevamos dentro.
Gracias por dar la bienvenida a estas historias en tu espacio.
Aquí, Origen no es un lugar, sino una historia a la que volvemos una y otra vez.
From Asia to Africa, I’ve always been drawn to the quiet power of story—how it moves through bodies, through rituals, through the way people gather, dress, and remember.
What began as travel photography slowly evolved into something more purposeful: an attempt to honor cultural memory through portraiture. Much of my work is grounded in the tribal traditions of Ethiopia, the painted devotion of sadhus and ascetics in Nepal and India, the monastic rituals of Thailand, and the spiritual practices of shamans in Peru and Bolivia.
Each portrait begins with a conversation. Not just with the person I’m photographing—but with the culture that shaped them, the landscape that holds them, and the memory that speaks through them.
This art is not about me—it’s about them. About you. About what connects us.
For over two decades, I’ve journeyed across more than 60 countries—not to collect moments, but to be invited in. My camera became my passport, not just across borders, but into lives, into rituals, into stories that are still unfolding. My intention has always been to witness with care, not impose—to rely on the generosity of strangers, and offer reverence in return.
These are not just images. They are echoes of story—of self-expression, of ritual, of identity shaped by centuries of practice and belief.
The name Awash comes from a river valley in Ethiopia—near one of the oldest human remains ever discovered. It reminds me that storytelling is older than language itself. That Origin is not a destination, but a memory we carry.
Thank you for welcoming these stories into your space.
Here, Origin is not a place—but a story we keep returning to.