A veces es necesario reinventarse y abrir nuevos caminos. Uno es "El códice del Eremita", sin duda.
Me llamo Raquel y nací en un pequeñísimo pueblo leonés. Estudié Historia del Arte, siguiendo una trayectoria relacionada con la documentación antigua. El último año buscaba una desesperada salida “práctica” a mi teórica (y poco demandada) formación, con lo que me fui a Asturias con la ilusión de especializarme en Conservación y restauración de Documento Gráfico.
El códice del Eremita” nace porque quería divulgar a través de mi blog el oficio del restaurador de documento gráfico, prácticamente desconocido e incluso infravalorado (por ejemplo, no se sabe que es una profesión de base científica), utilizando un lenguaje lo más sencillo posible.
Junto a este objetivo, me propuse otro: volver a mi ser creativo, que tenía prácticamente abandonado. Siempre me ha gustado mucho dibujar, escribir… tener las manos y la mente ocupadas al compás de la imaginación. Lo echaba mucho de menos.
El empuje definitivo lo encontré en la encuadernación artesanal, respetando y transgrediendo sus reglas de forma consciente, aprovechando los errores para diferenciar las obras, investigando y dándole “la vuelta” a aquello que no pude aprender en su momento.
Así, gustosamente encerrada en este espacio, me convertí en “Eremita”, y de ahí surgió el nombre definitivo. Eremita como much@s de vosotr@s, aquellos que rescatáis tiempo al tiempo para poder reencontraros. Y, luego, un gran “Códice” vital que restaurar y que llenar.
Mi inspiración la encuentro fundamentalmente en la encuadernación tradicional, pero buscando esa reinvención formal y sobre todo formas de ejecución que logren que el producto sea asequible sin perder un ápice de calidad.
Busco también que el resultado final sea sencillo, armónico, para que cada uno de los componentes “hable” y no le reste protagonismo al otro: desde el humilde cosido hasta la decoración gofrada. Me gusta pensar que en cada uno de los modelos logro cierto equilibrio.
En general no busco repetir los modelos de inmediato una vez que alguien los adquiere, sino que creo otro que “nace” del anterior: los propios materiales y las técnicas logran que cada obra sea única, y así las siento yo (un secretillo: antes de enviarlas no puedo evitar “hablar” con ellas deseándoles lo mejor en su “nueva vida”… ¿cosas de locos eremitas?)