Mi trayectoria en la creación de mazos de tarot
My Journey in Creating Tarot Decks
Cada baraja comienza con una pregunta silenciosa: ¿Cómo se ve el mundo a través de estas cartas?
Todo comenzó con mi propia fascinación por el tarot, no como herramienta para adivinar el futuro, sino como un espejo para la introspección. Noté que muchas barajas hermosas se sentían distantes, mientras que las más sencillas para principiantes carecían de la esencia de este arte. Quería cerrar esa brecha: lograr que el tarot se sintiera profundamente personal y, a la vez, accesible para todos.
El primer paso siempre fue la investigación. Me sumergí en el simbolismo del sistema Rider-Waite-Smith, estudiando los arquetipos, los significados de los colores y los sutiles detalles que dan voz a cada carta. Pero no me detuve ahí. Pasé horas dibujando paneles de inspiración, experimentando con estilos: desde gatos caprichosos y pasteles suaves hasta vidrieras melancólicas y texturas de arcilla artesanal. Cada baraja se convirtió en una carta de amor a una estética diferente, diseñada para resonar con distintas almas: el amante de los gatos, el soñador de los pasteles, el entusiasta de la estética dark academia, el sanador compasivo.
A continuación, llegó el momento de dar vida a esos bocetos. Trabajé en estrecha colaboración con artistas para refinar cada línea, color y detalle, asegurándome de que el arte honrara la esencia del tarot a la vez que le infundía nueva vida. Probé diversos materiales: cartulina mate lisa, lámina dorada brillante, PVC impermeable y papel grueso y resistente. Barajé los prototipos cientos de veces, comprobando su facilidad de manejo, durabilidad y cómo se conservaban las ilustraciones a la luz de las velas, con luz natural y en cada momento de uso.
El empaquetado nunca fue un detalle secundario. Diseñé cada caja para que pareciera un regalo: algo que te emocionaría abrir, sostener y conservar. Ya sea una elegante caja negra con letras doradas, un estuche en tonos pastel suaves o una lata ilustrada con un toque original, cada elemento está diseñado para reflejar la esencia de la baraja que contiene.
Finalmente, cada mazo viene acompañado de una guía clara y sencilla para principiantes, que explica los significados principales, los símbolos y las tiradas básicas para que los nuevos lectores se sientan seguros. Para mí, no se trata solo de hacer cartas, sino de crear un pequeño ritual, una herramienta para conectar con los demás y un compañero para cualquiera en su camino espiritual.
Con el tiempo, mi colección creció, y cada mazo refleja un capítulo diferente de mi propia exploración. Lo que comenzó como una curiosidad personal se ha convertido en una misión: crear un tarot que te represente: auténtico, hermoso y listo para ser sostenido.
Every deck begins with a quiet question: What does the world look like through these cards?
It started with my own fascination with tarot—not as a tool for fortune-telling, but as a mirror for self-reflection. I noticed many beautiful decks felt distant, while beginner-friendly ones lacked the soul of the craft. I wanted to bridge that gap: to make tarot feel both deeply personal and accessible to everyone.
The first step was always research. I dove into the symbolism of the Rider-Waite-Smith system, studying the archetypes, color meanings, and subtle details that give each card its voice. But I didn’t stop there. I spent hours sketching mood boards, experimenting with styles—from whimsical cats and soft pastels to moody stained glass and handcrafted clay textures. Each deck became a love letter to a different aesthetic, designed to resonate with different souls: the cat lover, the pastel dreamer, the dark academia enthusiast, the gentle healer.
Next came the process of bringing those sketches to life. I worked closely with artists to refine every line, color, and detail, ensuring the art honored the tarot’s core while breathing new life into it. I tested multiple materials: smooth matte cardstock, glossy gold foil, waterproof PVC, and thick, durable paper. I shuffled prototype decks hundreds of times, checking for ease of handling, durability, and how the art held up in candlelight, natural light, and every moment of use.
Packaging was never an afterthought. I designed each box to feel like a gift—something you’d be excited to open, hold, and keep. Whether it’s a sleek black box with gold lettering, a soft pastel case, or a whimsical illustrated tin, every element is crafted to match the vibe of the deck inside.
Finally, each deck is paired with a clear, beginner-friendly guidebook, explaining the core meanings, symbols, and simple spreads to help new readers feel confident. For me, it’s not just about making cards—it’s about creating a little ritual, a tool for connection, and a companion for anyone on their spiritual journey.
Over time, my collection grew, each deck reflecting a different chapter of my own exploration. What began as a personal curiosity has become a mission: to make tarot that feels like you—authentic, beautiful, and ready to be held.