Durante mucho tiempo, nunca me sentí especialmente bueno en nada.
La gente siempre dice que deberías encontrar algo que harías gratis, algo que te ilumine, pero yo no sentía que lo tuviera. Hasta que me topé con los adornos acolchados.
Al principio, era solo un reto personal. Quería ver si podía crear algo tan intrincado, tan detallado, tan hermoso. Ni siquiera estaba segura de poder hacerlo. Pero en algún momento del camino, se convirtió en algo más que un desafío. Se convirtió en mi escape. El plegado cuidadoso. La fijación precisa con alfileres. La concentración silenciosa. Cuando trabajo en un adorno, todo lo demás se desvanece. Es mi meditación, un lugar donde mi mente puede descansar y concentrarse solo en la tarea que tengo por delante.
Lo que empezó como curiosidad se convirtió en pasión. Cada adorno que hacía era como un trocito de mí, algo creado lenta y meticulosamente, con intención y cuidado.
Sinceramente, nunca se me pasó por la cabeza venderlos. Cada uno era como mi bebé. Pero un día, una amiga me preguntó por qué no los compartía. Creía que eran tan bonitos que alguien los apreciaría.
Así que aquí estoy.
Dejar que mis “bebés” salgan al mundo, no sólo como adornos, sino como pequeños pedazos de paz, belleza y propósito para el hogar de otra persona.
Pinned In Time no es solo una tienda.
Es el lugar donde encontré aquello que estaba destinado a crear.
— Jessica
For a long time, I never really felt like I was especially good at anything.
People always say you should find the thing you would do for free, the thing that lights you up, but I didn’t feel like I had that. Not until I stumbled across quilted ornaments.
At first, it was just a personal challenge. I wanted to see if I could create something so intricate, so detailed, so beautiful. I wasn’t even sure I could do it. But somewhere along the way, it became more than a challenge. It became my escape. The careful folding. The precise pinning. The quiet focus. When I’m working on an ornament, everything else fades away. It’s my meditation, a place where my mind can rest and focus only on the task in front of me.
What started as curiosity turned into passion. Each ornament I made felt like a little piece of me, something created slowly, meticulously, with intention and care.
It honestly never crossed my mind to sell them. Each one felt like my baby. But one day, a friend asked me why I wasn’t sharing them. She believed they were beautiful enough that someone would cherish them.
So here I am.
Letting my “babies” go out into the world, not just as ornaments, but as little pieces of peace, beauty, and purpose for someone else’s home.
Pinned In Time isn’t just a shop.
It’s the place where I found the thing I was meant to create.
— Jessica